El Camino de Santiago

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El Camino de Santiago conduce desde hace más de un milenio a peregrinos de todo el mundo hasta el santuario del apóstol Santiago el Mayor. Su tumba, descubierta una noche del 813 bajo una lluvia de estrellas, sería la piedra fundacional de una prodigiosa Catedral y de una ciudad que atraería las huellas de los caminantes de toda Europa.

Cada vez que un peregrino se echa a andar por las viejas sendas continentales del Camino de Santiago, se pone en marcha un antiguo mecanismo de búsqueda común a toda la Cristiandad: el viaje hacia la Salvación. Y, con él, vuelve a iniciarse la experiencia profundamente humana del propio descubrimiento. Así como las rutas que conducen a Santiago son muchas, múltiples son también las vías para el hallazgo más íntimo, ese que aseguran experimentar todos los peregrinos a medida que avanzan por los caminos de los encuentros fortuitos o de la soledad, de las voces y del silencio, en pos de una única meta: Santiago de Compostela.

El peregrino emprende así esta ruta de ida y vuelta para buscarse y encontrarse a sí y a los demás en cada etapa, en cada albergue y en cada monjoie -o montículo de piedra- hasta llegar frente a altar del Apóstol.

Compostela, ombligo de Europa, es el fin de esta aventura.

El paisaje del camino…

El olor a tierra mojada es uno de los elementos más característicos del Camino de Santiago, presente en todo su recorrido. Este aroma llamado Petricor, que nos acerca a la tierra, a la naturaleza, a calles mojadas y aire limpio, no proviene del ozono como muchos piensan. Tiene su origen en una sustancia química llamada geosmina -palabra de origen griego que significa aroma de la tierra-, producida por una bacteria inofensiva -y también algunos hongos-, al contacto con la lluvia. Ese olor, es sin duda, uno de los efluvios que más fácilmente nos atrapan y bienestar nos genera, por su gran propiedad para conectar aroma, cerebro y emociones. Tiene como ninguna otra, la capacidad de activar el resto de sentidos, como la vista o el tacto, reavivando los recuerdos de la forma más nítida que podamos imaginar.

Sin duda alguna, uno de los recuerdos que mejor sellan en la memoria de los peregrinos es el paisaje que les acompaña durante su ruta. El rumor de los ríos que se entrecruzan a cada paso, la humedad de los bosques de hayedos y robledales, y el olor a lluvia… Esa compañera inseparable que regala ese olor a tierra mojada que perdurará para siempre en sus memorias.

La torta de Santiago…

El ingrediente más característico de la Torta de Santiago es sin duda la almendra -un33%-, que le aporta ese sabor y aroma que la hace única e inconfundible.

La Casa Mora, pastelería fundada en el año 1924, presume de haber diseñado la silueta de la Cruz de Santiago que decora y distingue a este famoso postre compostelano.

Aunque su forma más común de tomarla es acompañada de café o de vino dulce, es cada vez más habitual ver s los peregrinos iniciar cada etapa con una porción de este delicioso postre, ya que posee un alto aporte energético.

Su excelente conservación la convierte en un regalo apreciado e inigualable, tanto en Galicia, como en el resto de España.

Parte del éxito del Camino de Santiago se debe a su rica y variada gastronomía, realizada con los mejores productos de la mar y de la tierra. De todos ellos, es quizás la famosa Tarta de Santiago junto a las filloas, la referencia más nítida a la hora de recordar sabores, por su característica decoración y su potente sabor y aroma de almendras.

El Botafumeiro…

El olor a incienso es un elemento muy característico del Camino de Santiago y la forma más reconocible de descripción olfativa para los peregrinos, ya que su aroma les acompaña el resto de sus días.

El origen de este rasgo compostelano es el Botafumeiro, un gran incensario de casi 80 kilos de peso. Asistir a su peculiar bombeo en el interior de la Catedral de Santiago es todo un espectáculo que ningún peregrino debe perderse, donde alcanza una velocidad de 68 kms/h llegando a rozar el techo de la catedral, dejando tras sí una fina estela de humo e intenso olor a incienso.

Su espectacular funcionamiento puede contemplarse cualquier viernes por la tarde, aunque es posible solicitar -bajo pago- su funcionamiento en la Oficina de Acogida de Peregrinos.

Todo peregrino finaliza su viaje en la Catedral de Santiago, meta final de todos los caminos. Todo lo vivido, toda la experiencia acumulada, las amistades realizadas, el agotador esfuerzo, las risas, los abrazos, el paisaje… Todo ello se funde en un sólo instante, envuelto por el inolvidable olor a incienso que impregna cada rincón de la Plaza del Obradoiro.

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